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Castillo de Galve: la historia se derrumba por la desidia

La fortificación del siglo XV lleva décadas abandonada, conquistada por la maleza y los escombros

Alzado sobre la muela de Galve, en el municipio de Galve de Sorbe, un castillo aguanta durante siglos el paso del tiempo. Algunos apuntan a que el Califato de Córdoba ya puso sus ojos en este cerro, en el que más tarde el infante Don Juan Manuel, en el siglo XI, también repararía, para construir su castillo de las ruinas andalusíes. A partir de ahí fue pasando de mano en mano hasta que Diego López de Estúñiga, en 1468, manda rehacer el castillo, cuya base llegará hasta hoy, a pesar de los torpes intentos de restauración en el pasado siglo. Una fortificación que perteneció a la Casa de Alba en el siglo XVIII para acabar a finales de los 70 en manos de un particular que parece no atender a razones ni ocuparse de este pedazo de historia que se cae poco a poco, pero de manera inexorable.

«Ahora mismo el castillo es un vertedero: maleza, basura, mobiliario del dueño por ahí, muros caídos…». Este es el estado actual de la fortificación según Raúl Conde, presidente de la Asociación Castillo de Galve, creada en 2006 precisamente para la recuperación del edificio. Su intención era, por un lado, hacer visible el problema que existía con el castillo, que estaba totalmente abandonado a su suerte desde que la Dirección General de Bellas Artes parara las obras ante el desaguisado que en los años ochenta llevó cabo el actual propietario, que no dudó en mezclar las piedras medievales con ladrillo y uralita.

Un millón de pesetas

«Era una reconstrucción parcial, unas obras impropias que construyó el empresario que adquirió el castillo», explica Conde. La intención era rehabilitarlo para construir una vivienda, pero con el parón de las actuaciones, su dueño, que adquirió el castillo por más o menos un millón de pesetas de la época, lo dejó abandonado a su suerte. La segunda intención de la asociación era «desbloquear la situación» a la que había llegado la fortificación, que se ahogaba entre vegetación, escombros y el paso de los años. «La primera la conseguimos. En cuanto al otro objetivo, logramos que el dueño se comprometiera a presentar un proyecto para habilitar el castillo».

El propietario presentó en 2010 un proyecto que fue de nuevo echado para atrás por los técnicos de Patrimonio, ya que existían cuestiones incompletas. «Incluso la Junta, en aquellos momentos en los que la crisis no era tan cruda como ahora, llegó a ofrecer dinero para que lo arreglase, pero él manifestó que tenía dinero suficiente para arreglar “este castillo y todos los de la provincia”».

Sin embargo, tras la negativa a su proyecto de rehabilitación, volvió a desentenderse del asunto. «Pedimos entonces a la Consejería de Cultura que le abriese un expediente, porque es la administración la que tiene que velar porque los dueños de este tipo de edificios se hagan cargo de ellos, y si no, promover el castigo». Y así, a principios de 2011 y tras la presión de la asociación, la Junta abrió el trámite administrativo y judicial, que acarrearía una sanción económica. «Desde la delegación de Cultura nos pidieron entonces discreción, porque estas cosas van lentas, así que dejamos el asunto en stand by».

Acciones de protesta

Y hasta hoy, que ni la Asociación Castillo de Galve ni el Ayuntamiento de la localidad han recibido noticias del expediente. «Ha pasado el tiempo, hemos cambiado de Gobierno regional, y no sabemos nada. Así que hemos reactivado nuestras acciones en las redes sociales, hemos mandado dos cartas, al delegado de la Junta, José Luis Condado, y a la Conjesería de Cultura, para que nos cuenten en qué punto está el proceso», dice Conde. Desde la agrupación no piden dinero a la administración, pues tienen claro que el responsable del estado del edificio es el propio dueño. «Solo queremos que se reactive la máquina burocrática y administrativa para que este señor no siga haciendo lo que le da la gana».

Además adelantan que llevarán a cabo otras acciones de protesta como recogidas de firmas, actos sociales o movilizaciones -además están estudiando nuevas acciones legales-, para que el castillo de Galve de Sorbe no siga destruyéndose ante sus ojos. «Si querían que desistiésemos, no lo vamos a hacer porque somos bastante pesados».